Anaquel de palabras
miércoles, 22 de abril de 2026
Libros que curan el alma
domingo, 18 de enero de 2026
Construir, habitar, pensar
"Todos podemos ser escultores de nuestro
Un nuevo año avanza raudo y veloz bajo nuestros pasos. Caminamos desde la casilla de salida con una suerte de sentimientos encontrados: Por un lado, la expectativa. El ferviente e iluso deseo de que el nuevo año nos depare todo lo bueno que no nos deparó el anterior. Y por otro lado, el miedo y la incertidumbre por lo que vendrá, acentuados si cabe, por estos tiempos que corren, tan aciagos y volátiles.
Y no es para menos. Comenzamos el año asistiendo atónitos al secuestro de Maduro y de su esposa. Por muy dictador que sea este personaje, resulta inconcebible que esto haya ocurrido y más, sabiendo las verdaderas razones que se ocultan detrás de un hecho que nada tiene de inocente. Y más recientemente, el terrible accidente ferroviario en el que han fallecido decenas de personas, ha vuelto a encogernos el corazón, contagiados del sufrimiento y del dolor inconsolable de las familias.
El mundo parece empeñado en enseñarnos su cara más amarga, pero a pesar de las graves circunstancias y el horror, también nos muestra la más amable: la solidaridad de cientos de personas anónimas que no dudan en ayudar al prójimo. Los pequeños gestos nos llenan de esperanza, porque este planeta se ha convertido en los últimos tiempos en un lugar demasiado hostil, donde impera la ley del más fuerte. Casi podría decirse que ya nada pueda sorprendernos y muchos andamos asqueados de tanta violencia, de tanta falta de respeto, de tanta intolerancia y de tanta polaridad (palabreja está muy de moda, que, junto a arancel, se ha colado en nuestras tertulias en los últimos tiempos). Da la impresión de que el objetivo es enfrentarnos, separarnos, fomentar la individualidad y dejar de lado cualquier atisbo de colectividad, solidaridad o unión. Al grito de "sálvese quién pueda" cada cual rema para una orilla, sin darse cuenta de que, para mantenerse a flote, es necesario hacerlo en la misma dirección.
Ante este panorama desolador, algunos nos aferramos más que nunca a la lectura y a los libros. La lectura fue siempre refugio y abrigo. Una auténtica medicina para el alma, como venimos predicando en los últimos tiempos con el proyecto "Libros que curan". Siempre supimos que los libros curaban la ignorancia, pero ahora más que nunca estamos convencidos -estoy convencida- de su poder sanador y transformador. Recomendar y compartir estos medicamentos tan especiales, se ha convertido en una experiencia reconfortante. Pero además, es ya habitual que la lectura me lleve a la escritura y que tras leer un libro, una suerte de revelaciones y sinergias se manifiesten en mi cabeza, como si de repente todas las piezas del rompecabezas encajasen.
"El puente donde habitan las mariposas", de Nazareth Castellanos, es uno de los últimos libros que he leído y que, sin duda, me ha dejado una gran huella. Ya conocía muchos de los conceptos y tesis que explica en el libro su autora, pero leer y profundizar en sus investigaciones y argumentos, ha supuesto encontrar esa chispa que surge de repente y hace que todo tenga sentido.
"El mundo es un lugar que sincroniza corazones", afirma Nazareth y no es una mera afirmación o frase bonita, sino que, en verdad, está científicamente demostrado que existe una sintonía biológica donde nuestros corazones se acoplan físicamente con los de los demás. Así, además de la irrefutable sincronía que se produce madre-hijo, dos personas que mantienen una conversación de atención y escucha plenas, sobre todo si media por medio la emoción, sincronizarán sus corazones. Un experimento citado por Castellanos en su libro demuestra que, si una de ellas comienza a respirar de forma pausada y a meditar (sin avisar a la otra), el corazón de la otra puede empezar a sincronizarse con el suyo, simplemente por estar en ese espacio compartido de atención. ¿No les parece algo maravilloso? ¿Imaginan si en este mundo enfrentado y apático que se extiende como una marea negra, millones de corazones se consiguieran sincronizar en un mismo latido de amor y fraternidad?
Con esa máxima me he quedado de esta lectura: con el anhelo de un mundo de corazones conectados, que sustituya a tanta barbarie. Pero además, gran parte de este ensayo gira en torno a la obra y pensamiento de Martín Heidegger, filósofo alemán y uno de los pensadores más destacados del siglo XXI. Su libro "Construir, habitar, pensar", que tomo prestado para titular esta entrada, sirve a Nazareth para explicar que nuestro bienestar depende de nuestra capacidad de habitar el cuerpo (estar presentes), lo que nos permite construir un cerebro más sano y por ende, pensar con mayor dignidad y conciencia. Dice la neurocientífica que al "habitar" conscientemente el cuerpo y regular procesos como la respiración, estamos "construyendo" o esculpiendo físicamente nuestra arquitectura cerebral para fomentar la calma y la claridad mental.
Y qué importante es encontrar la claridad mental en estos tiempos confusos que nos ha tocado vivir. Afirma Nazareth: "Sin calma no hay claridad. La falta de calma conlleva confusión. Desde ahí es imposible no errar. Cuántas decisiones hemos ejecutado, cuántas palabras hemos pronunciado, cuánto daño hemos sido capaces de tolerar y generar por falta de claridad. El miedo, el estrés, la ansiedad y el desprecio nos nublan la claridad". Ay... más razón que un santo lleva esta mujer. ¿Cuántas veces hemos errado a lo largo de nuestra vida por decir en caliente un montón de bobadas nacidas de los sentimientos más viscerales, cuando lo aconsejable hubiera sido alejarse en silencio y calmar los pensamientos? Alimentar al lobo equivocado tiene sus consecuencias y tanto si hablamos de sentimientos y emociones individuales, como si son colectivos y nos atañen como sociedad, la fiera acabará devorándonos.
La clave para conseguir esa calma necesaria nos la ofrece también Nazareth: "La respiración sincroniza conjuntos neuronales y coordina las redes cerebrales. Una respiración a la deriva es una mente a deriva", o lo que es lo mismo, la respiración es clave para establecer puentes entre el mundo exterior e interior y reconstruir así nuestra arquitectura neuronal. Y no puedo estar más de acuerdo con el maestro Ramón y Cajal: "todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro si nos lo proponemos". Repito, si nos lo proponemos.
Así lo he creído siempre. El crecimiento personal es posible. Nos obsequiaron con el don de la vida y tenemos la obligación de vivirla conscientemente, de transformarnos y de evolucionar, en un proceso constante a través del aprendizaje, de la experiencia, del autoconocimiento, de la interacción con los demás... Solo necesitamos voluntad. Afirma Castellanos: "Si hay algo en nosotros verdaderamente divino es la voluntad. Por ella afirmamos la personalidad, templamos el carácter, desafiamos la adversidad, corregimos el cerebro y nos superamos diariamente". Cierto es que cualquier cambio asusta y el miedo atenaza la voluntad, pero parafraseo de nuevo a la autora: "ser valiente no es no tener miedo, sino caminar junto a él".
Epílogo:
"Todos llevamos heridas, más grandes o más pequeñas, todos cobijamos traumas en nuestra memoria y en nuestro cuerpo; podríamos ser y estar mejor, aunque no estemos aparentemente mal. Y todos tenemos la responsabilidad de buscar una mejor versión de nosotros mismos. La responsabilidad de cuidarse, de ofrecernos y ofrecer la mejor escultura posible".
El pasado 31 de diciembre, como ya es tradición, mi hijo y yo acudimos a la Milla Solidaria. Llegábamos tarde, casi a la carrera. Al llegar a la plaza, con gran afluencia de asistentes, un niño gritó mi nombre. Corrió hacia mí y al momento me vi rodeada de más niños y niñas que gritaban mi nombre, felices de verme. Aturdida, me desprendí de sus abrazos como pude y me encaminé a comprar los dorsales, puesto que iba a empezar la carrera. Fue uno de los momentos más emotivos del año y quiero pensar que la versión de mí que les ofrezco a esos pequeños cada semana, les ayude en el futuro a construirse, habitar y pensar. Ojalá.
lunes, 8 de diciembre de 2025
Café con leche. 2.0
Puede que alguien haya pensado que quedó atrás el asunto que dio pie al capítulo 1 del "misterio de los caramelos" que relaté en una entrada anterior. Cierto es que, durante algunos días después de hacer públicas estas generosas donaciones, el benefactor de los papelitos en cuestión, abandonó la costumbre de olvidarlos en la ventana donde solía hacerlo. ¡Milagro! Parece que las palabras han conseguido surtir efecto, pensé. Nada más lejos de la realidad.
Imagino que estaría de vacaciones, pues al poco, un nuevo papelito volvió a aparecer en una nueva ventana, esta vez de mi habitación. Mi cara, tuvo que ser un poema, una mezcla de asombro y estupefacción (no acostumbro a hacerme selfies, pero debería de haberme hecho uno con la prueba del delito para dar fé de lo que aquí cuento). El resquicio de la duda apareció en ese preciso momento, porque el modus operandi había cambiado: La ventana no era la misma y lo más importante, se trataba de un caramelo de café con leche del Consum. Vale, vale... esta vez seguro que ha sido el viento, no empieces con las teorías conspiratorias, me dije. Pero vaya, que al día siguiente, otro papelito. Y a los dos días, dos papelitos más. Como buena seguidora de la gran Jéssica Fletcher (y últimamente también de Ángela Merkel, el divertido personaje de David Safier), tuve una revelación: el misterio de los caramelos había regresado. Y al contrario que a las dos protagonistas detectivescas, a mí ya la bromita no me hacía demasiada gracia, la verdad.
Examinando fríamente los últimos indicios y dada mi facilidad para ponerme en el lugar de los demás, pensé que claramente el autor de los hechos no estaba pasando por su mejor momento. De la famosa marca de caramelos alemanes había cambiado a unos de café ¡y de marca blanca, además! ¡Ay, cómo se está poniendo la vida!, me dije. Viendo el precio que han alcanzado los huevos, no quiero ni imaginar cómo se habrán puesto de caros los caramelos...
Igual han subido de precio, sí, pero se trata de un capricho irrenunciable, por lo que parece, dado los muchos envoltorios que hemos seguido encontrando últimamente. Así, me veo cada día, como un centinela, pasando revista a las ventanas, casi de manera obsesiva.
Recordemos que en un principio pensé en poner una pequeña papelera en el alfeizar de la ventana para invitar al propietario a depositarlos en su interior. Pero ahora.... ¿pongo una en cada ventana? No lo veo claro, no vaya a ser que a partir de ahora mi casa se convierta en lugar de peregrinación y empiecen a llegar hordas de recicladores a depositar sus envoltorios en mis recipientes, dejando vacíos los contenedores del pueblo destinados a tal efecto. Llegados a este punto, la solución pasa, en efecto, por encontrar al culpable y preguntarle directamente por el motivo de esta pequeña diablura.
A ver... qué haría Jessica Fletcher en mi lugar... ¡tratar de atrapar al asesino!, digo al culpable. ¿Y cómo hacerlo? Sí, ya sé. Montar guardia. Muy buena idea, desde luego, pero complicada de llevar a cabo. Sobre todo, porque no somos tantos en casa como para vigilar todas las ventanas a la vez y por otro lado... no podemos pasarnos veinticuatro horas haciendo guardia.
He decir que este método resulta tan tedioso como efectivo y si no, que se lo pregunten a las patrullas de vigilancia. Tuvimos la oportunidad de ponerlo en práctica este verano con un "tocatimbres" que nos "tocaba" las narices todas las noches.
Aquí he de hacer un inciso en el relato, para preguntarle al mundo, dónde está escrito que eso de "quedamos y nos vamos a hacer tocatimbres" se haya convertido en una práctica habitual, reconocida como actividad lúdica y de entretenimiento para los niños y jóvenes. Esa actividad, lejos de ser una chanza con la que reír tras una carrera apresurada, puede convertirse en una broma demasiado pesada para los que la sufren y más si se trata de personas mayores, a las que el mero hecho de tener que salir a abrir les puede costar mucho esfuerzo, o incluso una mala caída. Señores padres, madres, o quienquiera que sea testigo de ese comportamiento. NO. Eso no es un juego inocente, por favor, repréndanlo.
Y dicho esto, continúo. Una noche en que el "tocatimbrero" estaba muyyyy aburrido y nos tocó tres veces, mi marido decidió hacerle una "espera" (como a los conejos, pero sin escopeta ni nada, no se vayan a pensar, que en casa no nos gustan las armas). Pues oiga, el chiquilluelo no debía de andar muy lejos, porque la inocentada no se volvió a repetir. Y menos mal, porque ¡ay de él si lo pilla infraganti, lo pone de hoja perejil!, no digo más.
Para averiguar el nombre del donante y acabar con el desamparo en que me encontraba, pensé también en seguir la pista de los caramelos. Podría preguntar a las cajeras del Consum por todas las personas que compran de manera habitual caramelos de café de su propia marca. Una gran idea que descarté de plano, adelantándome a la respuesta de las dependientas, que no tendrían más remedio que negarme esa información, por ese escollo de la protección de datos.
¡Lo tengo! Pondré una cámara de vigilancia. Fácil y cómodo. La conectas y te olvidas. Un método infalible para conseguir la prueba concluyente e irrefutable para encontrar al culpable. Pero claro, ¿cómo vamos a comprar una cámara para cada ventana? Una quizás y a ver si hay suerte.
Me di cuenta entonces de que había obviado una cuestión importante, que seguro que a la Merkel no se le hubiera pasado por alto, dado su sentido pragmático: estaba dando por hecho que los envoltorios solo tenían mi casa como destino, pero, ¿y si también las vecinas estaban recibiendo estos regalitos? De repente me vi como Erin Brockoovich, preguntado, casa por casa, si sus ocupantes han sufrido últimamente estos vertidos incontrolados y creando la Plataforma de Afectados por los Envoltorios de Caramelos. Me vine arriba, desde luego, pero yo, que soy mucho de meditar las cosas, volví a rechazar esta estrategia. Podría originar un problema de convivencia ciudadana si, a raíz de ésta, comenzaban a surgir otras muchas, como la plataformas contra los que vacían los ceniceros en tu puerta, o contra los que se dedican a dejar las latas de cerveza en las aceras, o contra los que tiran las bolsas de gusanitos al suelo, o contra los que te abollan el coche y se van de rositas -a pesar de que el tuyo es el único coche de ese color y marca en el pueblo-... En fin, un caos burocrático de proporciones descomunales. De todos modos, ninguna otra vecina me ha comentado nada de papelitos ni de caramelos y ya se sabe que cualquier novedad en el barrio, o hecho fuera de lo común, es tema de debate y disquisición entre vecinas, tarde o temprano.
Un domingo mientras pasaba revista a las ventanas, me quedé observando a mi hijo mientras estudiaba física. ¡Eureka!, pensé al puro estilo de Arquímedes. La física, ahí estaba la clave para resolver el misterio. Si tenemos en cuenta que nadie más en el barrio está siendo obsequiado con envoltorios, y conociendo la siguiente fórmula d = v . t (distancia es igual a velocidad por tiempo), solo tenía que medir el tiempo que se tarda en abrir un caramelo, meterlo en la boca y deshacerte del envoltorio. Después, cronometrar la velocidad media a la que puede caminar una persona, pongamos que mayor de 60 años (que será la media de edad de los vecinos). Y con esos datos y calculando el resultado de la operación, caminar la distancia resultante desde mi casa en diferentes direcciones, marcando los puntos resultantes en el mapa. ¿Cómo os habéis quedado?
Sí, igual se me está yendo la pinza por completo O debería de leer menos novelas policíacas y más históricas o realistas. O igual algún que otro libro de autoayuda, que hace mucho que no leo ninguno.
En fin... Los resultados obtenidos no sé si son concluyentes. Es posible que la velocidad de desplazamiento no sea la correcta y cabe también la posibilidad de que la persona no abra el envoltorio justo al salir de casa, sino que lo haya guardado antes en el bolsillo, solo para obsequiarnos con él.
Sea como sea, no dejo de preguntarme qué lechugas pretende alguien que deja de manera habitual un envoltorio en tu ventana. ¿Una manifestación abierta de que le caes mal? ¿Una venganza por algún libro que le has recomendado y no le haya gustado? ¿O simplemente el azar es el culpable, puesto que mis ventanas y no otras le pillan al paso? No puedo entender las motivaciones de una persona para obrar de esta manera, la verdad.
En cualquier caso, estoy segura de que el misterio de los envoltorios de caramelos está a punto de resolverse, o al menos creo que tengo los suficientes indicios para tener a una firme candidata a responsable de este culebrón literario. No sé si llegaré a "pillarla" en el acto o me tendré que conformar con la mera sospecha. Aunque llegado el momento, ¿qué se le dice a alguien que lleva meses con esa conducta incívica? ¿Mostrarte indignada por su comportamiento? ¿O quizá hablarle de la cantidad de plásticos y basura que se tira al suelo y que acaba en el mar, contaminándose con micro plásticos? Dudo mucho que mis palabras puedan despertar su conciencia climática y tampoco me tienta la confrontación ni la bronca, por mucha razón que lleve servidora. Quizá opte por un desenlace mucho más sosegado, que por algo estamos ya en Navidad.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Mía

“Ojalá nunca seas de nadie
ni tú poseas a nadie.
Y cuides con ternura de igual manera
que tú quieres que te traten"
Mary Rozalén
Eres mía. Tan mía como esta barba que me afeito cada noche.
Mía, como esta chaqueta vieja que apenas me sirve ya para aplacar el frío.
Mía, como estas manos con las que aprieto tu garganta.
Mía, como esa criatura que duerme en su cuna, ajena a tus gritos y sollozos.
Eres mía, solo mía.
...
Era domingo, casi medio día. La encontraron acurrucada en los soportales de la plaza. Quién sabe cuánto tiempo llevaba allí. Una presencia invisible con el rostro surcado de lágrimas. Temblaba, quizá no tanto de frío, como de miedo.
¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?
Ella señaló el cartel donde rezaba el teléfono de la policía.
Salió de casa con lo puesto, sin zapatos ni abrigo. Apenas unas palabras en español, las suficientes para contar su tragedia. A veces, no hacen falta los idiomas ni los traductores para entender. La palma abierta que se estrella furiosa en la cara, dos manos estrechando su cuello. Sobran las palabras. Hablan sus ojos, empañados en lágrimas. Su cuerpo, que se estremece mientras revive la pesadilla. Parece una niña perdida y asustada.
Mientras esperan la llegada de sus salvadores, dirige una y otra vez su mirada temerosa hacia una sola dirección: el camino a casa. La que ha sido su casa los meses que lleva en España. Allí donde ha quedado su bebé, que aún no ha cumplido un año y un marido que ya apenas reconoce.
Atrás quedaron el trato amable y el amor con el que un día ese hombre le hizo soñar con una nueva vida, con una vida mejor en un nuevo país.
Atrás quedó su familia. Lejos, a miles de kilómetros, la mujer que le dio la vida. Daría cualquier cosa por estar junto a ella en este momento. Quiero ir con mi madre, repite. Con mi madre...
La última vez que la vieron se subía al coche patrulla. Se agarraba con fuerza a la manta que la envolvía. Segundos antes les dio las gracias entre lágrimas. Mucha suerte, le contestaron y una triste sonrisa apareció en su rostro. La estrecharon entre sus brazos. Los abrazos tampoco entienden de idiomas ni países.
La observaron mientras se alejaba, enmudecidos. Con el corazón encogido. Conscientes de haber sido testigos de un drama terrible de final incierto.
Un futuro tan incierto, como el de tantas mujeres que retiran la denuncia nada más salir del juzgado. Tan resbaladizo, como el de aquellas que ni siquiera llegan a denunciar a sus maltratadores. Tan terrible, como el de aquellas que escuchan de sus propias madres: "Hija mía, haz caso a tu marido y sigue con él. Tu lugar está ahora con el hombre que con el que te casaste".
Así de triste, así de cruel.
sábado, 20 de septiembre de 2025
SUCEDIÓ EN LA FERIA. Capítulo 2.
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| Cartel de Feria 2025. Autora: Rosario Moreno Galletero |
SUCEDIÓ EN LA FERIA
Capítulo
II
Repican ya las campanas
que la Salve empieza en breve,
en honor a la patrona,
nuestra Virgen de la Fuente.
Manolita desespera,
aguardando a su marido.
El “zascandil” de Camacho
llega tarde “de contino”.
La iglesia está hasta los “trenques”
de devotos munereños
a los pies de su señora
rezan grandes y pequeños.
De pie se queda Manuela,
al lao’ del agua bendita,
y en un banco del final
le hace un hueco su vecina.
Mientras, Camacho en la plaza,
“beborreando” y de “casquera”
tan a gusto en el Casino,
se ha gastao’ "las cuatro perras”.
Padre, vamos pa’ la iglesia
que madre dentro lo espera.
Camacho sigue a lo suyo:
¡Déjame y tira con ella!
Usté’ verá, que ya es grande,
verá al final, qué disgusto…
¡“Odo”, el guacho este “vacín”!
¡Si ves que voy, "te bie’ justo"!
Total, que acaba la Salve
y Camacho va “bonico”.
La Manuela, na’ más verlo
el gesto, muda “torcío”.
Ay, Camacho… ¡qué tormento!
no te puedo dejar solo.
No han abierto ni la Feria
y ya "con los pies redondos".
Manolita, no te enojes
de verdad, qué “esaboría”…
Échate una aquí conmigo
¡y que reine la alegría!
No “desunces…” ¡vive Dios!,
lo mismo cerveza o vino.
Termínate esa y “arreando”,
y a ver dónde están los críos.
Se lo llevó casi arrastras,
no le dejó “abrir el pico”.
Si Manuela saca el genio
sabe bien que ha “dao en risco”.
Pero el “chusco” de Camacho,
le empezó a hacer “carantoñas”
¡Pero qué “apañá” que estás!
Con el “hato” que te pongas…
¿El Pórtico se ha dao’ bien?
Según “paece”… regular.
El Pórtico bien, Camacho.
He disfrutao’ una “jartá”.
Los poetas, como siempre,
no sé “mentarte” el mejor...
Vienen hasta de Albacete,
Tú no sabes, qué clamor.
Doña Amparo, la mujer,
"llenetica" de emoción.
Que a su marido, el Enrique
le han dao’ condecoración…
Cronista oficial, na’ menos…
ese hombre es un primor.
Escritor y periodista…
Pa’ el puesto, nadie mejor…
Deja pa’ luego una “miaja”,
que ya se ha escuchao' el “cobete”
Y vamos pa’ la “gabina”,
que allí veo a Manolete.
La corte de honor completa,
autoridades y alcalde,
van ocupando sus sitios,
que comienza el pasacalles.
Y la banda Pedroñeras
se prepara ya tras ellos,
los músicos forman filas
y afinan sus instrumentos.
Madre, padre, ¡que ya empiezan!
¡Salgamos “tras” de la banda!
Tranquilos, no tengáis prisa,
con tanta gente, dan “bascas”.
Y a ritmo de pasodoble
se va alejando el cortejo.
Y el alumbrado, a su paso,
con fulgor se va encendiendo.
Van por la calle Mayor,
siguiendo a la comitiva,
con los ojos como platos,
que les hacen chiribitas.
¡Ay madre, quiero turrón!
¡Del duro no, de Jijona!
¡Y también “garrapiñás”!
del puesto de la Paloma.
Madre, yo quiero tomar
un chocolate con churros
y una nube de algodón,
“güenisma”, me lo “figuro"…”
Y manzanas “colorás’”
“bañás” en buen caramelo.
¡Y palomitas, también!
No sé qué pedir primero…
Vaya par de caprichosos,
"más galgos que la Beatriz"...
Tiempo habrá de comprar “duz”,
dejaros ya de pedir.
Pa’ contentaros nos falta
un buen “jornal”, ¡vive Dios!
Olvidaros de dar de “murga”,
y portaros bien los dos.
Tengamos la fiesta en paz
y vayamos pa’ la plaza,
que “ascape” van a encender
esa famosa almenara.
Ay, Camacho, ¿qué almenara?
querrás decir “luminaria”…
Será lo mismo, mujer…
¡ya salió la remilgada!
Vamos pues, que asan patatas
Y “coroque” ofrecen cuerva…
¡Ayyy! la cuerva ni “catarla”
que esto va a acabar en “breva”.
Y allí, a los pies de la torre
ya está la hoguera prendida,
que ilumina con su fuego
otro comienzo de Feria.
CONTINUARÁ…
domingo, 14 de septiembre de 2025
Café con leche
Sábado 13 de septiembre. Vuelta a la casa, lo que toca los sábados. Aquí en Munera, eso de dar una vuelta a la casa, no tiene nada que ver con el deporte y sí con adecentar suelos, quitar el polvo, poner lavadoras, planchar, etc.
Me encuentro dos envoltorios de caramelo en el alféizar de la ventana. Nada de particular, teniendo en cuenta que vivo en una planta baja. Alguien podría pensar que fue el viento el que los llevó hasta allí. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Pero no tan rápido, volvamos un poco atrás en el tiempo. Si me acompañan...
Hace unas semanas mi hijo me dijo: "Mamá, otro papel de caramelo en la ventana..." Efectivamente, allí, en el vano de la ventana dormitaba un envoltorio de caramelo. Fue en ese momento cuando caí en la cuenta de algo que hasta entonces había pasado por alto. Javier tenía razón, no era la primera vez que aquel desecho aparecía en la misma ventana. El hallazgo se presentó ante mí como un verdadero enigma. El misterio estaba servido. ¿Quién y con qué objeto se dedica a obsequiarnos con envoltorios de caramelos?
Convertida en cuestión de segundos en Jessica Fletcher, me aventuré a desentrañar "el misterio de los caramelos de café con leche". Ay, sí, disculpen. Había olvidado mencionar ese pequeño pero importante detalle. Todos los envoltorios son de esos famosos caramelos procedentes del municipio alemán de Werther, y todos sin azúcar. He aquí una pista que hubiese hecho recelar a la mismísima señora Fletcher, reduciendo el número de sospechosos considerablemente.
¿Quién pasa habitualmente por la puerta de casa y le gustan esos caramelos? Imaginé que podría tratarse de un mensaje de algún admirador o admiradora con el que pretendía decir: eres tan dulce como este caramelo. (Lo de leer, ya se sabe, le da a uno mucha imaginación...). Descartada esa primera y absurda hipótesis, me puse a repasar a todos los posibles sospechosos. El hecho de que se trate de caramelos sin azúcar podría indicar que se trata de una persona mayor, diabética quizás. Aunque, pensándolo bien, también pudiera tratarse de una persona joven preocupada por guardar la linea. Esa pista no me llevaría a ninguna parte.
A ver... piensa. ¿Alguien con dificultad para caminar? Teniendo en cuenta que el contenedor se encuentra justo enfrente del lugar de los hechos, podría tener sentido. Aunque, no, esta hipótesis también se tambaleaba. Un papel de caramelo se puede guardar en cualquier bolsillo, incluso en una manga, para al llegar a casa tirarlo en la basura. Definitivamente me encontraba en un callejón sin salida. De repente me imaginé acercándome a saludar a los vecinos a una distancia demasiado pequeña, olfateando su aliento en busca de algún atisbo de aroma al dulce caramelo de café con leche.
En honor a la verdad, he de decir que no es la primera vez que nos encontramos con un misterio de este tipo en casa. Durante años, alguien nos obsequió con Tetra Bricks de zumos o batidos que dejaban en la ventana de la cocina. Nunca supimos quién era el autor o autora de aquella arraigada costumbre con la que lidiamos, sin más consecuencias que la resignación. Al fin y al cabo, el contenedor se encontraba a la vuelta de la esquina (y no enfrente, como ahora) y a la persona que nos dejaba aquellos envases, sin duda, no le pillaba tan a mano como nuestra ventana. Supongo que debía saber que en casa reciclamos todo y que el Tetra Brick en cuestión llegaría a su destino.
En este punto y ya puestos a confesar lo inconfesable, (por aquello de haber pasado ya veinte años y haber quedado ya relegado al cajón de las anécdotas divertidas y curiosas), les hablaré de otro "regalito" que alguien nos dejó en la puerta de la cochera al poco de comenzar a vivir en nuestra casa. Alguien dejó una caja de cartón en cuyo interior encontramos un montón de cintas VHS. En apenas unos segundos, pasé del desconcierto a la indignación, al descubrir los títulos de aquellas películas, todas de cine para adultos. "¿Pero qué es esta desfachatez? ¿No tienen los vecinos otra forma de darnos la bienvenida al barrio?" Dije enfadadísima. Mi marido, por quitarle hierro al asunto me dijo: "Igual se trata de una donación para la biblioteca"... En aquel momento el chiste no me hizo ninguna gracia, aunque ahora, en la distancia, creo que tenía su punto, sí señor. Sea como fuere, en cuestión de segundos, aquella caja acabó alimentando el vientre del contenedor, al mismo tiempo en que empecé a mirar a mis vecinos con una curiosidad renovada.
Tiempo después, recibimos otro agasajo no menos peculiar que el anterior. "Mira lo que nos han dejado en los portones", me dijo mi marido un domingo. De la mano le colgaba un pequeño rosario. "Es una señal..." Le contesté con cierta sorna. Porque aquel nuevo hallazgo (que yo quise adjudicar al propietario de las cintas, en compensación por aquel otro regalo del infierno), ya no me produjo ninguna emoción. Quizá tan solo sirvió para aumentar la intriga hacia las motivaciones del donante o donantes.
De todos modos, tengo que reconocer que se trataba de "regalos" originales. Porque en los últimos tiempos, los únicos regalos anónimos que encontramos, tanto en la puerta como en los portones son "pises y cacas" de perros, cuyos dueños los pasean a distancia. Lo de pasearlos a distancia no es otra cosa que abrirles la puerta para que los animales hagan sus cosas y den su paseíto diario. Pero ellos solitos, que ya son grandes, no vaya a ser que a sus dueños les pille la policía y les denuncie, por no haber recogido las heces de la mascota en cuestión, que acaba de defecar en plena acera.
Quizá nunca llegué a desentrañar el misterio de los caramelos de café con leche, aunque bien mirado, prefiero mil veces esos bonitos envoltorios dorados en la ventana, que un pastelito maloliente en la puerta.
Decidido. Pondré en el alféizar una papelera pequeña para que el portador de los envoltorios pueda contribuir con su gesto a la limpieza de las calles. Puede que incluso compre caramelos de café con leche y le deje alguno a cambio. Ahora que lo pienso... me apetece uno de esos caramelos.
domingo, 3 de agosto de 2025
Navarra mágica
Elizondo
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| Elizondo. Puente Muniartea |


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| Casa de la tía Engrassi en el Guardian invisible |
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| Cristalera de la biblioteca municipal |
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| Calle Jaime Urrutia |
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| Elizondo |
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| Presa del Txokoto |
Olite

Olite. Plaza Mayor
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| Olite |
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| Olite. Palacio |


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Cascada de Xorroxin
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| Ruta Cascada Xorroxin |
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| Cascada Xorroxin |
Cuevas de Urdax
Ainhoa
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| Ainhoa (Francia) |
Amaiur
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| Amaiur Maya |
Señorío de Bértiz
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| Señorío de Bértiz. Ruta Suspiro |
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| Señorío de Bértiz |
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| Señorío de Bértiz |
San Sebastián
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| Basílica de Santa María (San Sebastián) |
Hondarribia
Se dice de Hondarribia que es uno de los pueblos más bonitos del País Vasco, sin duda motivado por su casco antiguo de origen medieval, su tradición marinera y su gastronomía. Está situada en la orilla izquierda de la desembocadura del Bidasoa y al otro lado podemos ver Hendaya, comuna francesa.
Nos encantó el barrio de la Marina, con sus preciosas casas de balcones de colores y como veníamos ya con hambre, nos dirigimos a la conocida calle de San Pedro, plagada de restaurantes y terrazas a pleno rendimiento. Demasiados turistas y demasiado calor hicieron mella en nuestro espíritu aventurero y decidimos pasar la tarde en la playa de la localidad, donde nos refrescamos y desconectamos en todos los sentidos, ya que perdimos durante un buen rato la conexión de los móviles. También merece una visita mucho más pausada esta bonita localidad.
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| Hondarribia |
Lesaka
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| Lesaka |
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Etxalar
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| Etxalar |

Pamplona
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| Pamplona |
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| Catedral |
Libros que curan el alma
Hace unos años, no sabría decir cuántos, porque el tiempo pasa tan deprisa que apenas somos conscientes, llegó a Munera una enfermera que re...
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“El bosque en el Baztán es hechizante, con una belleza serena y ancestral que evoca sin buscarlo su parte más humana, la parte más etérea e...
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Dedicamos gran parte de nuestra vida a esperar, ignorando que la fiesta está aquí, que somos nosotros. Recordar es llegar. ...
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Cartel de Feria 2025. Autora: Rosario Moreno Galletero El año pasado comencé Sucedió en la feria, un romance por entregas con el que les p...




















































